No hay un corporativismo malo y otro bueno por tratarse de profesionales. Proyecto de Colegiación para Veterinaria

por Contador Público (Uruguay) Darío Aurelio Abilleira Alvarez

No soy quien para defender a los Veterinarios; ni tampoco es justo responder al Sr. que escribe el artículo, ya que él no tiene el mismo espacio. El mismo lo dejo tal cual está publicado; además casi todo lo que dice tiene razón, pero le falta la otra parte que sí me interesa comentar brevemente, por si algún lector desprevenido llega a este lugar. En general, una Colegiación no busca el enriquecimiento de sus integrantes; sino su superación y establecer un estandar mínimo para que la Profesión no se desprestigie, y pautas del accionar del profesional (que es bastante distinto a las comparaciones que se hacen en el artículo, con otros gremios). No es serio que no exista un mínimo de regulación y que una vez logrado el título cada uno actúe por su cuenta; de hecho luego la actividad se las impone y no hay nada mejor que cada uno se las autoimponga en lugar de que vengan otros a decirles cómo actuar.  Con ese criterio, (el de no regular), habría que dejar librado al mercado y a la libertad de cada uno a los Periodistas, a los Docentes, a los Policías, a los Políticos, a los Partidos Políticos, a las Empresas, a las ONG, y un largo etc; nada ni nadie necesitaría una regulación porque afectaría la libertad de trabajo en mayor o en menor medida. Es cierto que se pierden libertades, no lo voy a ocultar; es cierto que se restringen formas de actuar, pero también es cierto que hoy como País, estamos vapuleados y expuestos a que vengan de otros países y en una pequeña proporción, nos deje fuera de mercado a los profesionales que tanto esfuerzo hicimos para estudiar y conseguir trabajo aquí; el mercado nuestro es demasiado chico para que se autoregule, y además no es recíproco; en Brasil y en Argentina existe la Colegiación, si ellos la eliminaran, entonces podríamos comenzar a tener más puntos en común con el artículo que más abajo se expone. Igual, es un excelente aporte para “pensar”. Cr. Darío Abilleira

Otra colegiación corporativista

JULIO PREVE FOLLE

La noticia me generó una sorpresa mayúscula. En momentos en los que prácticamente todos los sectores políticos discuten sobre corporativismo, se conoció que la Comisión de Agricultura y Pesca de Diputados, por unanimidad, aprobó un proyecto de ley que reúne todos los defectos del peor corporativismo: la colegiación de la profesión veterinaria.

lun ago 18 2014

Lo que está en trámite de aprobarse constituye además un agravio a la libertad de trabajo, y un conjunto de vagos principios que cuesta entender que hayan concitado la unanimidad de los legisladores de dicha comisión. Y cuesta especialmente, cuando se discute cada día sobre el corporativismo del Sunca, o de los gremios en ASSE, o cuando la discusión del primer tema de la agenda nacional, la educación, pasa precisamente por el poder de las gremiales de la enseñanza que les otorgó la Ley Vázquez.

No hay un corporativismo malo y otro bueno por tratarse de profesionales. Todos son malos: sindicales, empresariales o profesionales, y por las mismas razones. No es el gremio veterinario -ni ningún otro- custodio del interés general, no lo es tampoco de todos los profesionales -solo de los asociados- y menos se le puede reconocer autoridad para imponer en materia ética.

EL PROYECTO.

Entre otros “espantos”, establece que para ejercer la veterinaria ya no alcanzará más con haber satisfecho los cursos y exámenes que establece la institución que confiere el título, aquí o en otro país. A partir de ahora, para ejercer la profesión habrá que registrarse en el gremio, someterse a lo que determine en materia de ejercicio profesional, cumplir con sus exigencias éticas y -no salgo de mi asombro- pedir permiso al MSP y al MGAP. No corresponde a un gremio determinar en base a criterios corporativos, quién y qué se puede hacer y qué no, una vez logrado el título habilitante por parte de colegas y competidores.

Esto es materia de las exigencias para recibirse, o en todo caso de las normas legales que custodian el interés general, y en particular la libertad de trabajo. No corresponde a un gremio prohibir que un profesional ejerza porque no realizó determinado curso de actualización, o porque no pagó la cuota social, o porque cobra a sus clientes mirando el mercado o con arreglo a su conciencia, que me da más seguridad de ética que una comisión de aplicación de un código redactado en base a no sé cuáles principios de éstas o aquellas agrupaciones políticas. Es absurdo que un conjunto de veterinarios se erija en censor de qué pueden o no hacer sus colegas y competidores, inspeccionarlos y sancionarlos, y menos aún puede aceptarse que simples profesionales -veterinarios, agrónomos o contadores- se conviertan en jueces de moralidad como si fuesen el Tribunal de la Rota Romana.

Tampoco me imagino que haya que pedir permiso a dos ministerios que según el proyecto “habilitarían” a los profesionales, aunque sin señalar en base a qué. Ni el Ministerio de Salud ni el de Ganadería tienen competencia para determinar quién de entre los recibidos de una facultad puede ejercer y quien no; es peligroso para la libertad de trabajo. Antecedentes recientes no solo de este gobierno en torno al derecho a trabajar según orientaciones políticas, me hacen descartar enfáticamente esta facultad discrecional sin límite que se le daría al Poder Ejecutivo.

CÓDIGO DE ÉTICA.

Algunos veterinarios harán bien en someterse a un código de su actividad, si quieren. Y habrá otros que también legítimamente, no querrán someterse más que a su conciencia, a la ley y a ningún código. Pretender en cambio que una valoración de las conductas se pueda hacer de modo unánime, uniforme, y que aún más, se pueda imponer a todos, me parece un extraordinario atropello. Habrá, quizás, quienes piensen que hay que cobrar esto o aquello, tratar de esta forma o de otra a los clientes, difundir tales o cuales ideales, etc. Se pueden ocurrir muchas dimensiones del tema, pero no encuentro ninguna que justifique no solo su imposición obligatoria, sino el control de su cumplimiento.

Colegio a crearse.

Un estatuto de deontología profesional sería muy delicado de imponer. La sola discusión por ejemplo acerca de la existencia de una ética derivada del derecho natural o del derecho positivo excede largamente lo que una sociedad de profesionales uruguaya puede entender como obligatorio para sus socios. A mí por ejemplo me bastan los mandatos de mi conciencia y, en segundo lugar, los de las normas jurídicas; y no aceptaría otras directivas, mucho menos tribunales de disciplina de colegas, y menos aún de juzgamiento de temas como los precios cobrados por los servicios en los que manda el mercado. La ética es una rama de la filosofía que fundó Aristóteles en su Ética a Nicómaco, tema suficientemente complejo si se lo toma con seriedad, y está bastante más allá de las competencias habituales de profesionales comunes.

HUGO DE LEÓN.

Esto se parece al caso de Hugo de León. Lo malo no está en que su título fuera o no equivalente al que aprueba la Asociación de Entrenadores local; lo lamentable es que se exija un registro gremial para ejercer, de técnico de fútbol o de cualquier cosa. Si hay un De León de la veterinaria, de la agronomía o el derecho que no pasó por la universidad nacional, o que no integra un colegio profesional, y alguien le quiere pagar su trabajo, no se lo debe impedir, porque no agrede a nadie. Por eso para ejercer cualquier profesión no hay nada que registrarse; simplemente hay que ser competente. La colegiación de una profesión, que supone cerrar el paso a los que no cumplen con la inscripción en esa agrupación y con sus exigencias, solo defiende sus intereses corporativos que no tienen que ver con el interés de todos -que pagamos sus estudios- y constituye un agravio a la libertad de trabajo.

DEBE SER VOLUNTARIA.

Si una entidad profesional quiere acreditar con un sello a sus socios, porque cree que a ellos -sin exclusión de otros- los puede presentar como más preparados para alguna destreza, o si dispone de un tribunal de ética al que alguien se quiere someter voluntariamente, no tengo objeciones. Si se quiere extender un certificado de calidad que alguien valora y paga y no excluye a nadie, perfecto. En definitiva: en el ámbito voluntario todo, en el obligatorio nada, o más bien solo la norma jurídica creada por depositarios de la soberanía, no por egresados de la universidad pública o privada.

http://www.elpais.com.uy/economia-y-mercado/otra-colegiacion-corporativista.html

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